| El Proceso |
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Una vez sembrado el cafeto, debe pasar un mínimo de tres años para que empiece a dar fruto, la cereza - el fruto maduro del café -, tiene una coloración rojo brillante y contiene en su interior dos semillas o granos de café. En el mes de abril, los agricultores de la zona empiezan a "pepitear" la cereza, es decir, a recolectar la fruta que ha madurado gracias a los primeros soles de abril. A partir de mayo hasta agosto, el café esta completamente maduro y es cosechado con cuidado para no dañar el cafeto. El café pasa al proceso de secado y lo hacen extendiéndolo en amplias superficies de cemento para que reciba sol durante todo el día, en la tarde es recogido, guardado y tendido al sol a la mañana siguiente. Este proceso se lo realiza durante diez días o más. Una vez seco el café, se retira la piel en una piladora industrial; cuando la producción es pequeña, lo hacen de manera artesanal, aporreando la semilla con un "pilón" de madera en un mortero "porrón", elaborado de un tronco de árbol. El café pasa a la parte más delicada de su producción: el tostado. Los expertos dicen que es todo un arte, porque deben tomar en cuenta variables como humedad, peso, calidad (todos los granos deben de estar maduros para definir su calidad), así como el color que se desea obtener, que por lo general es dorado y aromático. El proceso casero depende de la habilidad y experiencia del productor, usualmente lo tuestan hasta que desprenda el aceite del café y su coloración no pase de rubio. El aceite es garantía de frescura y significa que está recién tostado. La molienda es estándar, pero a veces lo hacen extrafino para elaborar el delicioso café express. En los sitios donde lo muelen, persiste por horas este perfumado aroma que atrae a propios y extraños ya sea para comprarlo o para complacerse de su deliciosa fragancia. |


