Héctor Toro Balarezo PDF Imprimir E-Mail

Héctor Toro Balarezo nació el 19 de junio de 1910. Desde pequeño se interesó por la lectura aunque no tenía gustos definidos, simplemente estaba aprehendiendo el mundo. El vasto universo de la literatura lo llevó a conocer realidades fantásticas de la mano de muchos "grandes poetas" - como solía decir él -, sin importar la procedencia, autor o genero, lo importante para el pequeño Héctor fue descubrir la magia en las palabras.

El padre tuvo gran influencia en su vida, lejos de mirarlo como a un mortal con virtudes, defectos y debilidades, lo veneraba con profunda devoción. En su poesía, don Héctor, lo caracteriza como un tenaz roble, trabajador incansable, un sabio y un hombre tierno. Quizá su herencia más notoria fue el temple.

Y a el lo miro y lo admiro,

en el roble vigoroso,

en la cumbre despejada,

siempre serena y enhiesta,

en el faro vigilante

y en el chorro de energía

De adolescente tuvo el cuidado de elegir sus lecturas, Muy pronto supo de la existencia de ciertos escritores que los leía con avidez. "Yo he sido muy aficionado a la poesía, he leído bastante. Eso ayuda mucho. Entonces uno recibe el pensamiento, el influjo, la inspiración de los grandes poetas y eso le ayuda a uno para desenvolverse en el campo literario". Así don Héctor conoció a poetas románticos y a otros que estaban dando pinos en el modernismo o la llamada vanguardia: Amado Nervo, Gutiérrez Nájera, Julio Flores, Asunción Silva, el trágico Medardo Ángel Silva, y como no, Rubén Daría, su gran inspiración.

A finales del siglo XIX, Gustave Flaubert sellaba el romanticismo con su novela clásica Madame Bobary. Están presentes los elementos de la vida glamorosa, el bucólico aliento de la contemplación, la negación a la realidad, el amor eterno, entre otros. Don Héctor utiliza los ribetes del romanticismo y enfatiza en la visión perfecta y melancólica de la vida acompañada, claro está, de imperceptibles tintes trágicos.

Sigamos como ayer, amada esposa,

cultivando las flores en el huerto,

cuidemos del clavel y de la rosa

y sigamos los dos un rumbo cierto

El escritor es un eterno admirador del paisaje y la naturaleza, esta es una constante que marca sus poemas. En muchos de ellos, intenta transmitir al lector los sonidos, olores y emociones campiranos. Sentados sobre el césped verde y blando [ ... ] Relinchan en el prado los caballos / y cantan con tesón todos los gallos. Pero hay otros temas que no descuidará jamás: la familia, la ciudad, el fervor cívico -Cantos- y la religiosidad. En este último es más íntimo, sincero y humilde.

Ven a darnos el agua de tu fuente

para esta sed del alma en agonía,

ven a darnos la flor resplandeciente

de tu rosal de amor, de poesía.

Muy por el contrario, en la mayoría de los Cantos, construye versos que enaltecen a próceres, instituciones, ciudades, con la inconfundible huella de universalidad sintetizada en valor, coraje, fortaleza, hidalguía, altivez, tesón, nobleza, etc.; aquí el poeta no se involucra, es un lejano espectador de la formalidad. Abandona lo íntimo para resaltar lo público, lo evidente o lo esperado.

Oh ciudad inmortal de eternas galas

que subes con la fuerza de tus alas

arriba, más arriba;

Oh ciudad imperial llena de gloria

que brillas en los fastos de la historia

por noble y por altiva

Los versos de Héctor Toro tiene la rigidez y solemnidad de los clásicos en donde se dibuja la poesía "actualmente [ ... ] se cultiva el verso blanco, el verso libre, y ya no se sujetan a los moldes clásicos. [ ... ] yo me esmeré porque mi poesía -casi toda- está vertida y escrita en la métrica clásica. Desde luego, en esto hay la influencia de Rubén Darío, un hombre que renovó la métrica literaria. "

En la década de los 80' Héctor Toro destina la mayoría de su tiempo a escribir en los diarios nacionales y regionales y su producción se reduce a poemas que dedica a su familia "Hubo una época en la que amé mucho la poesía y la cultivé. Pero en los últimos años me he dedicado ha escribir para los periódicos, especialmente para EL UNIVERSO. Son 13 años, porque recuerdo que en el año 1984 formé parte del Jurado Calificador del Concurso de Poesía Ismael Pérez Pazmiño"

Los que conocieron al escritor elogian sus versos y su impecable presentación. Tal vez sus poses, su figura y su poesía respondían a ese largo periodo de la literatura que estaba agonizando a principios de siglo, pero sin dudarlo, Héctor Toro fue último embajador del romanticismo, quizá fue el último romántico.

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